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CULPA FEMENINA: CUANDO DECIR “NO PUEDO” PARECE UN FRACASO

  • Foto del escritor: siygein siygein
    siygein siygein
  • 8 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

En la vida de muchas mujeres, existe una palabra pequeña que carga con un peso enorme: “NO”. Decir “no puedo”, “no quiero” o “necesito ayuda” suele sentirse como un fracaso, como si renunciar a algo significara automáticamente ser menos valiosa, y detrás de esa dificultad para poner límites aparece un sentimiento muy conocido: la culpa.

 

El mandato de “poder con todo”

 

Desde temprana edad, a muchas mujeres se les enseña a ser cuidadoras, responsables, disponibles y fuertes. Con el tiempo, esa enseñanza se convierte en una exigencia:

  • Ser buena hija, buena madre, buena pareja.

  • Destacar en el trabajo y, al mismo tiempo, sostener el hogar.

  • Verse bien, estar de buen humor y ser un apoyo constante para los demás.

La consecuencia es clara: cuando una mujer se atreve a reconocer que está cansada, que necesita ayuda o que simplemente no puede más, la sociedad responde con juicios como “exageras”, “relájate, no es para tanto”, “no aguantas nada” o “eres egoísta”. Así, la culpa se convierte en un mecanismo de control.

 

¿Por qué aparece la culpa?

 

La culpa femenina suele estar ligada a tres raíces principales:

  1. Expectativas irreales: La idea de que una mujer debe rendir al 100% en todas sus facetas.

  2. Comparación constante: Vivir mirando lo que hacen otras mujeres, la madre “perfecta” de redes sociales, la compañera de trabajo que nunca se queja, la vecina que parece tenerlo todo bajo control.

  3. Miedo a ser juzgada: Temor a decepcionar, a no ser suficiente o a ser vista como “floja”, “mala madre” o “mala mujer”.

  

Consecuencias de cargar con culpa

 

La culpa no sólo desgasta emocionalmente; también tiene efectos en la salud mental y física:

  • Ansiedad y pensamientos repetitivos.

  • Insomnio y cansancio constante.

  • Desgaste emocional que puede llevar al burnout.

  • Dificultad para disfrutar de los logros y de la vida cotidiana.

 

Reconciliarse con el “no puedo”

 

Aprender a poner límites y reconocer los propios límites no es debilidad, sino una forma de autocuidado. Algunas claves:

 

  • Cambiar el discurso interno: decir “no puedo con esto ahora” no significa “no valgo”.

  • Aceptar la imperfección: no hay persona que pueda cumplir con todos los roles al mismo tiempo y sin fallar.

  • Compartir la carga: pedir ayuda es un acto de fortaleza, no de debilidad.

  • Normalizar el descanso: no se trata de ganárselo con exceso de esfuerzo; el descanso es un derecho, no un premio.

  • Buscar apoyo profesional: hablar de la culpa en terapia permite entender de dónde viene y cómo liberarse de ella.

 

La culpa femenina no nace en el interior de las mujeres, sino en un sistema que las obliga a sostener más de lo que humanamente es posible, reconocerlo es un acto de liberación. Decir “no puedo” no es fracasar; es poner la vida en equilibrio y darse la oportunidad de existir con más verdad y menos peso.


 
 
 

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