"Cuando el éxito no se siente”
- siygein siygein
- 13 ago 2025
- 3 Min. de lectura
¿Cómo las críticas de la infancia sabotean la confianza en uno mismo?
Imagina a alguien que recibe un reconocimiento en su trabajo, termina un proyecto importante o cumple una meta personal que llevaba años persiguiendo. A su alrededor todos le felicitan… pero por dentro, siente que “no es para tanto”, que fue cuestión de suerte o que cualquiera podría haberlo hecho.
Este fenómeno es más común de lo que parece, y muchas veces no tiene que ver con la falta de logros, sino con heridas emocionales que vienen de muy atrás.
Las raíces invisibles: la infancia y la voz crítica
Nuestros primeros años de vida son el terreno donde crecen las semillas de nuestra autoestima, cuando un niño recibe mensajes de apoyo y confianza, desarrolla una base sólida para creer en sí mismo, pero cuando lo que escucha con frecuencia son críticas, comparaciones o desconfianza, esas palabras se instalan en su mente como una “voz interna” que lo acompaña de adulto.
Frases como:
“Nunca haces nada bien”;
“Eso no es suficiente”;
“Siempre te equivocas”;
“Eso es tu obligación pues es lo único que haces”.
Parecen simples regaños en su momento, pero repetidas constantemente moldean la percepción de valor personal. El niño aprende que, sin importar cuánto se esfuerce, no será
suficiente para recibir aprobación y se convierte en El adulto exitoso que no se siente suficiente. Cuando crece, esa persona puede alcanzar metas importantes: ascensos, estudios, emprendimientos, relaciones estables… Sin embargo, en su interior sigue cargando el eco de aquellas críticas.
Así nace un fenómeno muy relacionado con el síndrome del impostor: sentir que los logros no son propios, que se deben a la suerte o que tarde o temprano “alguien descubrirá” que no merece estar donde está. Este patrón no significa que la persona sea insegura por naturaleza, sino que aprendió a evaluar su valor a través del filtro de exigencias externas imposibles de satisfacer. La autoexigencia se vuelve una forma de buscar aprobación, aunque esa aprobación nunca se sienta suficiente.
Efectos emocionales y en las relaciones
Vivir así tiene un costo:
Ansiedad y miedo a no poder repetir un logro.
Dificultad para recibir halagos o felicitaciones.
Perfeccionismo que lleva al agotamiento.
Dependencia emocional de la aprobación ajena.
Sentir que “algo falta” incluso en los mejores momentos.
Estos efectos no solo afectan el bienestar personal, sino que pueden limitar el disfrute real de lo que se ha alcanzado.
El camino para sanar
Reconocer este patrón es el primer paso, a partir de ahí, hay estrategias que ayudan a reprogramar la forma en que nos vemos:
Identificar la voz crítica: Notar cuándo un pensamiento negativo es realmente unaherencia del pasado, no una verdad absoluta.
Reescribir el diálogo interno: Cambiar frases como “no soy lo suficientemente bueno” por “estoy aprendiendo y mejorando cada día”.
Validar los logros: Llevar un registro escrito de metas alcanzadas y revisarlo cuando aparezca la sensación de insuficiencia.
Terapia psicológica: Enfoques como la terapia psicoanalítica ayudan a modificar creencias profundas y sanar heridas emocionales.
Elegir un entorno saludable: Rodearse de personas que celebren nuestros avances y nos impulsen a ver lo que sí hemos conseguido.
El valor personal no depende de alcanzar la perfección ni de cumplir expectativas ajenas, sino de aprender a reconocer lo que ya hemos logrado y permitirnos sentir orgullo por ello. Las críticas del pasado no tienen que dictar la historia completa, podemos aprender a escribir un capítulo nuevo, uno en el que el éxito se sienta tan real como lo es en la vida.

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